viernes, 24 de junio de 2011

Huida

Podría haber sido mate con tostadas. O quizá un café bien cargado. Desayunaríamos en la cama, nos amaríamos una vez más. En algún momento de la mañana subirías la persiana para descubrir que afuera existe un día perfecto. Un refrescante sol de primavera nos bañaría a pesar de estar en mitad del invierno. Asombrada, mate en mano, me invitarías a observar la maravilla que se extiende al otro lado del cristal. Juntos habríamos decidido hacer un segundo desayuno en el parque y al caminar por la calle nos daríamos cuenta de que la perfección del día no sólo es climática.
Entonces las sonrisas se apurarán a decir presente en las bocas de todos. Los oficinistas regalarán sus trajes a los mendigos y las flores volverán a echar raíces. Las estudiantes obsequiarán besos a sus profesores. Los niños se divertirán dentro de las aulas como si jugasen en la playa y el mundo girará al son de la música de una calesita. Los serafines dejaran los cielos para cantar sus glorias a los hombres y Cupido clavará el amor en el corazón de cada persona.Pero te vas.

Este texto esta publicado en BLA

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