martes, 15 de marzo de 2011

Miradas

Mis ojos se posaron en los tuyos en el mismísimo momento en que un colibrí se detenía para siempre en un clavel. Del otro lado de la ciudad un perro dejaba de ladrar y un camión de basura frenaba su marcha. Y no pestañé. Los semáforos se eternizaron en rojo y una pareja posó para la foto en la torre Eiffel. Mi boca se quedó sin aliento. En Siberia el agua de una fuente se congeló y en el Sahara ni un grano de arena levantó vuelo. El aire no giró por mis pulmones. Los planetas no orbitaron y las hojas que arrastraba el viento se plegaron inmóviles en el aire. Los corazones no latieron. El universo entero sucumbió. Y entonces, tus ojos se fijaron en los mios.

Este texto esta publicado en BLA

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