lunes, 13 de septiembre de 2010

Un plan perfecto

Montar a caballo desnudo no era parte del plan. De hecho nada había salido como lo habían planeado. Para empezar, por un error de cálculo, la salida del túnel no fue en el granero de la granja Tomsom. En su lugar salieron, en medio de la noche, justo en el chiquero, entre un montón de cerdos que los miraban emerger del suelo. Claro que la alegría de recuperar la libertad era tal que apenas se molestaron.
El taller abandonado del viejo Sinclair no estaba cruzando la carretera, al frente de la granja, sino como tres millas al sur, cruzando el bosque. Además el taller abandonado del viejo Sinclair presentó tres inconvenientes: a) Que no estaba abandonado b) Que el joven Sinclair (hijo del viejo) lo ocupaba c) Que lo había trasformado en una casa de té.
Sin las herramientas del viejo taller era imposible librarse del los grilletes y sin librarse de los grilletes era imposible cruzar nadando el río y salir de esa forma del país. Cuando encontraron, una milla más al sur, el depósito de los obreros que estaban pavimentando la carretera, Mike creyó que su suerte era enorme. Con esas herramientas podrían cortar las cadenas de sus pies. Claro que entonces vino la confusión con la sierra mecánica y los grilletes. Little Jonny murió desangrado. Perdieron preciado tiempo en el ejercicio de prueba y error hasta que el tímido Big Bang logró dominar la ingobernable sierra mecánica, total, después del primer intento Little Jonny ya no se podía quejar. Cuando por fin se quitaron los grilletes se alzaba el alba.
El amanecer fue realmente lo que desanimo a Mike. En parte porque, según el plan, a esa hora ya estarían en la otra orilla del río. Pronto llegaría la hora de los ejercicios obligatorios matutinos, se darían cuenta de que los bultos en las camas no eran más que tierra amontonada del túnel, y empezaría la caza. En parte también porque el sol salió con un error de 90º. O el sol se había equivocado o ellos corrieron durante horas en dirección oeste en lugar de sur.
Los uniformes de presidiario decorados con excremento seco de cerdo no pasaban fácilmente desapercibidos a la luz del día. Hacerse con la ropa que estaba tendida en el rancho de los Jonsons hubiese sido una solución, pero Jimmy se negaba a robar, pues le había prometido a la Virgen que si alguna vez salía del talego no volvería a infringir la ley. Mike sintió que su cabeza iba a explotar, pero se tranquilizó recordando las tardes de lluvia. Mike amaba la lluvia. Además, la única ropa disponible en el rancho era la de un niño muy obeso o la de una señora mayor.
Los problemas se solucionaron cuando descubrieron que allí cerca, en el bosque, había un campamento nudista. Los problemas de vestimenta se solucionaron, pero surgieron otros de una naturaleza más intimidante. Tres hombres recluidos durante años alejados de la compaña femenina, se encuentran de repente en medio de un camping nudista podría llegar a ser una fuente de problemas. Algo extraño había ocurrido con la juventud en los quince años que Mike estuvo encerrado. Vestían la desnudez con total naturalidad, la poca ropa que se les veía estaba estampada con flores y colores fuertes, vibrantes. Los hombres llevaban el pelo largo y no se afeitaban. Pero lo más extraño eran esos carteles que decían: “Hagamos el amor, no la guerra”. Aquello era demasiado para la psiquis de los tres fugitivos. La promesa de no violar la ley que Jimmy le hizo a la Virgen flaqueó cuando una joven rubia de abultados atributos pasó a su lado. Jimmy inspiró profundo, visualizó a la Virgen, recordó la ley y decidió no violarla. Mike, consciente de la cacería de la que sería seguramente objeto a esa hora de la media mañana, logró mantener la cabeza fría. Pero el tímido Big Bang no pudo resistirse. Ahora que lo veía desnudo Mike entendía por qué le decían “Big”. Cuando a puñetazo limpio de deshizo de los tres nudistas que se interpusieron entre él y su objetivo entendió por que le decían “Bang”. Y cuando alcanzó su objetivo comprendió que lo de tímido era un apodo mal fundamentado. Por suerte la nudista tampoco era tímida. Ella y el ex tímido Big Bang se perdieron en el bosque.
Para despejar su mente Mike se puso a recordar las tardes de lluvia. En la cárcel los días de sol lo entristecían, parecía haber un mundo de cosas por hacer fuera. Pero los días de lluvia no, los días de lluvia se hicieron para estar encerrado. Ese otoño y lo que iba del invierno fueron generosos porque había llovido mucho más de lo usual, hecho que Mike agradecía. Hasta que se encontró en la orilla del río. El riachuelo, casi arroyo de su infancia había crecido a causa de las lluvias hasta convertirse en un poderoso caudal de agua furiosa imposible de cruzar a nado.
Mike, desconsolado, se rindió. Hundió sus pies en el agua, se sentó en la orilla y se puso a llorar. Al verlo, uno de esos jóvenes extraños le ofreció un cigarrillo. Hacía años que Mike no fumaba y sin pensarlo, en una sola pitada consumió más de la mitad del cigarro. Era extraño, no recordaba así el sabor del tabaco. Este era mucho más dulce.
– ¿Por qué lloras? – indagó el joven mugroso.
– Por que no puedo cruzar el río – se sincero Mike.
– ¿Y para que quieres cruzar el río? Ni que fueses presidiario…

En cualquier otro momento esto habría irritado tanto a Mike que se hubiese violentado, pero en lugar de eso se echó a reír. Era como si una bocanada de aire esperanzador se hubiese apoderado de su mente. Las tragedias le causaban gracia, los asuntos serios carecían de sentido y sus problemas ya no le parecían tan problemáticos. Si se hubiese encontrado en un estado similar aquella noche en el bar, cuando apenas era un adolescente y aquel borracho lo irritó tanto, los sucesos se hubiesen desarrollado de forma muy diferente y no hubiese terminado con una cadena perpetua. Pero eso ahora tampoco tenía importancia.
– Si realmente quiere cruzar puede hacerlo – agregó el joven – unos hermanos lo hicieron hace un rato. Sólo tiene que pedirle un caballo a Alegría, ella los entrenó para que crucen nadando y después vuelvan solos.

Alegría, la joven que había prestado el terreno donde se celebraba el campamiento nudista, presto también unos caballos. Mike iba primero, a su lado Jimmy y un poco más atrás el sociable Big Bang que compartía caballo con su nueva amiga.
Montar a caballo desnudo no era parte del plan. De hecho nada había salido como lo habían planeado. Pero Mike estaba descubriendo que algunas veces en la vida era mejor improvisar. Eso haría de ahora en adelante, ya que todos los planes que había hecho en prisión terminaban en el momento en que él crúzase el río. Ahora comenzaba una nueva vida y con un poco de suerte alguna de la jóvenes nudistas también cruzarían el río llevando más de ese extraño, dulce y relajante tabaco.

Este texto esta publicado en encuentRos

2 comentarios:

  1. Pablo lleeré con gusto tus textos Ya tendrás noticias mías, luego.
    Fernando Gonzalez Carey
    (amigo y ex compañero de Vignaud de tu viejo.)
    Gral Roca RN

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  2. Lesa humanidad, huelga....dos relatos me bastaron para ver tu oficio, tu mundo, tu fantasía.
    Seguiré leyendo.....estoy entrando en lo de la araña Me gusta tu propuesta, recién comienzo. Ese estilo látigo me atrae.
    Te mandaré algo de mi parte, por correo electronico.
    Fernando, de Roca.

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