sábado, 18 de septiembre de 2010

Huelga

El lápiz no escribió. La estilográfica de un escribano quedó seca justo cuando estaban certificando un documento. Los sellos no estampaban sus letras y en las imprentas nadie pudo entender por qué las hojas se quedaban en blanco. Se le sacó punta a una vieja pluma pero la tinta se negaba a impregnarse en el papel. Desafiando las leyes de la física los dedos de los pies no dejaban marcas legibles en la arena. Los cursores titilaron indiferentes a los golpes en el teclado. Los celulares no escribieron ni siquiera las extrañas abreviaturas de los mensajes de texto. Condenado a vivir en un mundo donde las palabras no querían dejar impronta, un poeta se cortó la venas. Y con la sangre derramada sobre un papel escribió el mejor de sus versos.

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